SALAH ORDENA, EL LIVERPOOL OBEDECE

Mohamed Salah ordena, su equipo le obedece. Lo que vimos en el encuentro de ayer ante la Roma, en un Anfield que vistió sus mejores galas y entonó como nunca su imponente himno, fue un encuentro de Champions en toda regla. El equipo red consiguió una goleada de escándalo, pese a ello acabó el encuentro con caras largas y con la sensación de no haber culminado el trabajo pese a lo positivo del resultado. 5-2, es cierto, pero el equipo romanista está vivo, muy vivo, y más después de la hazaña lograda ante el todopoderoso FC Barcelona. Después de un 5-0 inapelable, Salah abandonó el terreno de juego. En ese momento se acabó el encuentro para el Liverpool de Jürgen Klopp. 

ODA AL ‘PRESSING’

El Liverpool no es un equipo que le guste la posesión, ni mucho menos tocar en el centro del campo. La consigna de Klopp lleva mucho tiempo siendo analizada por sus propios jugadores y esta temporada han conseguido explotarla y sacar el máximo rendimiento posible. En la parcela ofensiva, el equipo inglés es uno de los más potentes del mundo, más si cabe con la ‘diosización’ de Mohamed Salah, antaño defenestrado por Mourinho en el Chelsea, ahora presumible candidato al Balón de Oro junto a los dos extraterrestres de siempre. 

En el encuentro de Anfield, el Liverpool sometió a su rival a una presión asfixiante, buscó el robo de balón y salir rápidamente a la contra buscando constantemente a Mohamed Salah, Sadio Mané o Roberto Firmino, un trío temible. Ni siquiera los laterales tienen la obligación de subir la banda en este equipo teniendo esos jugadores en la zona de ataque. ¿Cuál fue la misión de Alexander-Arnold y Robertson? Muy sencilla, buscar con balones largos a Salah, para subir la banda y hacer la correspondiente diagonal, o buscar el cariz asociativo de Roberto Firmino, para que bajara la pelota en territorio enemigo y pusiera la mirilla apuntando a la meta de Alisson Becker. 

En lo respectivo a la construcción del juego, Jordan Henderson desempeñó un papel secundario, en cambio se vació en las coberturas defensivas y presionando la salida de balón de los jugadores romanistas. En este punto, tanto De Rossi como Strootman desaparecieron buena parte del encuentro. De hecho, fue Radja Nainggolan, teórico mediapunta, quien se vio obligado a bajar al centro del campo a recuperar balones o asociarse con sus compañeros. Pese a ello, cuando la Roma comenzó a abrir el campo, Fazio se incorporó como un centrocampista más, y los carrileros se convirtieron en extremos puros, en esa situación la Roma generó abundante peligro en el área red

La verticalidad de las acciones del Liverpool desarbolaron la defensa romanista en cuestión de minutos. Pese a la modificación de Di Francesco en cuanto al sistema, los jugadores del cuadro inglés sometieron a la zaga y bombardearon la meta de Alisson, que nada pudo hacer ante el vendaval del equipo que dirige Klopp. Intentaron tirar el fuera de juego en constantes ocasiones pero les pillaron, intentaron anticiparse a sus acciones, pero también les acabaron pillando. El espíritu de Anfield se adueñó absolutamente de las almas de los jugadores de la Roma, perdidos, desangelados y sin un atisbo de reacción. Pero llegó. 

NO SALAH, NO PARTY

Elevado a Dios del Olimpo, Mohamed Salah fue retirado del terreno de juego con todos los honores, una ovación de libro del respetable que ya ve en el egipcio en su jugador franquicia para las próximas temporadas. En el minuto 75 abandonaba el ex de la Roma el terreno de juego, envuelto entre alabanzas e incredulidad a partes iguales. Klopp había sido inteligente, tan solo restaban 15 minutos y su equipo había rendido bien tanto defensiva como ofensivamente. No había aparente riesgo. Pues al final lo hubo.

Con el 4-0 en el marcador, Di Francesco había realizado dos importantes cambios. Había dado entrada a Gonalons y Perotti por De Rossi y Juan Jesús. La respuesta inmediata fue el quinto gol del Liverpool y el segundo de Roberto Firmino en su cuenta particular, sin embargo la tromba estaba aún por llegar. Retirado Salah, la Roma empezó a dar unos pasitos hacia adelante, presionando cada vez más al Liverpool en campo propio. Con una ventaja tan grande y sin Salah, el Liverpool no supo qué hacer con el balón en los pies, no acertaban un pase, no acertaban una transición y la Roma se lo creyó. Empezaron a conectar balones con el indomable Dzeko y a Karius empezaron a temblarle las piernas. ¿Consecuencias? Gol de Dzeko y gol de Perotti, fruto de un penalti bastante claro de James Milner.

Sin embargo, la cosa no acabó ahí, aún quedaban unos minutos, unos minutos en los que la tez de los espectadores reds tornó blanca y donde Klopp se afanó para reprochar a sus jugadores numerosas acciones erróneas. El también se equivocó, en el cambio de Salah, introdujo a Ings, un delantero de área, al que colocó como extremo. Totalmente perdido en la banda, Ings olvidó su responsabilidad defensiva y dejó a su equipo con uno menos en los últimos instantes de partido. Pese a lo abultado del resultado, el Liverpool ha demostrado seguir siendo un equipo frágil en defensa cuando o bien le fallan las fuerzas o bien le falla el sistema. El Olímpico de Roma podría volver a vivir una hazaña de los suyos. El fútbol dirá. 

Rubén San Isidoro Martínez

Periodista. Graduado en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Antes en Expansión, actualmente colaboro asiduamente también con VAVEL.com. Amante del deporte y la política. Buscando la coherencia en el periodismo.

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